Cómo el arte de poner la mesa nos enseña a compartir la vida
- Los Secretos De Mi Mesa
- 10 sept 2025
- 2 Min. de lectura

Hay algo mágico en poner la mesa.
No se trata solamente de acomodar platos, copas o servilletas; es un gesto que dice mucho más.
Cada detalle, por pequeño que parezca, es una forma de amor. Es una invitación silenciosa que susurra: “Aquí eres bienvenida, aquí puedes ser tú, aquí hay un espacio reservado para ti.”
Con el tiempo descubrí que poner la mesa es una metáfora de la vida misma. Cuando colocamos flores frescas en el centro, cuando encendemos una vela o doblamos con cariño una servilleta, no estamos adornando: estamos abriendo el corazón. La hospitalidad verdadera va más allá de la comida; es una manera de decirle al otro “me importas, tu presencia aquí es valiosa.”
Recibir en casa no es cuestión de lujos, sino de intenciones. He visto cómo un mantel heredado, unas copas distintas entre sí o una botella de vino compartida pueden transformar una tarde cualquiera en un recuerdo inolvidable. Al final, lo que más permanece no son los sabores exactos del plato, sino las risas, las conversaciones y esa complicidad que se crea alrededor de una mesa.

Con esa idea nació mi taller Petit Comité entre Copas y Sabores. Soñaba con ofrecer a otras mujeres un espacio íntimo, femenino y delicioso para aprender el arte de ser anfitrionas. Durante cuatro horas no solo compartimos recetas y técnicas para hacer tablas de frutas, madurados y quesos o para maridar el vino perfecto con cada momento… también compartimos historias de vida, brindis espontáneos y esa magia que ocurre cuando un grupo de amigas se siente en confianza.
La experiencia culmina con una gran mesa española: paella, postre y el eco de muchas voces conversando al mismo tiempo. Y entonces ocurre algo especial: lo que comenzó como un taller se convierte en un círculo de sororidad, en una celebración de la amistad y en un recordatorio de que los mejores regalos no se compran, se comparten.

Poner la mesa, en el fondo, es un arte sencillo pero poderoso. Nos enseña a detenernos, a cuidar los detalles y a valorar la compañía. Nos recuerda que la vida es más sabrosa cuando se sirve en platos compartidos y se adereza con conversaciones sinceras.
Te invito a que la próxima vez que pongas tu mesa, no pienses solo en la comida: piensa en el mensaje que transmites, en el espacio que abres, en la historia que estás creando. Porque cada mesa bien puesta es una oportunidad para celebrar la vida… y ese, para mí, es el mayor de los secretos.






Comentarios